Foodies de A Coruña, de ayer y hoy

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Vivimos tiempos en los que la gastronomía ocupa un gran espacio y tiempo en nuestras vidas. La televisión emite programas de gastronomía en prime-time, los cocineros o aspirantes al noble arte de los fogones se han convertido en estrellas populares y los móviles están permitiendo que las fotografías de comida se multipliquen exponencialmente cada día. Nadie es ajeno a términos como foodies, foodporn, yummy o foodiegram por muy anglosajones que sean.

En una visita rápida a Instagram, veremos cómo los foodies de A Coruña y Galicia están muy activos: cuentas como @Corunafoodie, @desayunagalicia, @maisgrelos, @manuelbustabad o @josolivarela dan buena cuenta de ello. Pero ¿este fenómeno es tan nuevo en la ciudad o es más bien una tradición que viene de largo? Viajemos hasta el siglo XIX para conocer a dos foodies de aquel tiempo.

Foodies de A Coruña durante el siglo XIX: Emilia Pardo Bazán y Manuel Puga y Parga, Picadillo

Manuel Puga y Parga, conocido popularmente con el pseudónimo Picadillo, fue alcalde de A Coruña en dos ocasiones, además de jurista, pero lo que más le gustaba era la gastronomía. A tan goloso tema dedicó gran parte de su obra. Se inició en estos menesteres, escribiendo en el periódico “El Noroeste” y se caracterizaba por poner una saludable dosis de humor en sus recetas, como podemos leer en este ejemplo:

“Se coge una hoja de bacalao muy delgada, tan delgada como Wenceslao Fernández Flórez, y se toman unos tomates muy gordos, tan gordos como yo. Se sala a Flórez y se me parte en pedazos a mí, y en una tartera, capa de pedazos de Flórez desalados y capa de yo. Fuego lento; refrito por encima de aceite; mucha cebolla y ajos cuando Flórez está cocido. Diez minutos más de fuego y un perejil final reducido a picadillo con alguna sal si la necesitase. Y así es la vida. Yo estaré dividido por el eje, pero usted, amigo mío, se queda sin sal que es bastante peor.”

Se reía hasta de sí mismo, como hemos visto. No podía dejar pasar su más que evidente gordura, que llegó a protagonizar muchas anécdotas en A Coruña como la que se cuenta sobre la llegada de un circo a la ciudad que se jactaba de tener al hombre más gordo del mundo. Cuando la gente salía del circo, la decepción era la protagonista porque no era tan orondo como “Manolo Puga”, al que cualquiera podía ver por la calle sin necesidad de pagar una entrada.

La Cocina práctica, La Cocina española antigua y La Cocina española moderna

En 1905 Picadillo publica con enorme éxito “La cocina práctica”, prologado por Emilia Pardo Bazán. Ambos fueron coetáneos, amantes de la gastronomía y vecinos en la ciudad vieja. Tan cerca vivían el uno del otro que no sería raro que incluso pudieran oler el aroma que salía de sus cocinas y tampoco sería raro que si viviesen en este siglo, fueran dos “foodie-influencers” y sus perfiles de instagram fueran de los más seguidos de la ciudad y por qué no, del país.

La escritora coruñesa publicaría dos libros de gastronomía en 1913, “la cocina española antigua” y en 1914, “la cocina española moderna” dentro de su colección Biblioteca de la mujer, que había iniciado con el propósito de acercar a las mujeres españolas obras del feminismo extranjero como “La esclavitud femenina”, de Stuart Mill” o “La mujer ante el socialismo”, de Bebel. Pero llegado un momento llega a la siguiente conclusión:

“tardé algo en darme cuenta de que la mujer, aquende el Pirineo, no se preocupa gran cosa de la consabida redención”

“Cartas de la Condesa”, de Juliana Sinovas Maté.

Así que abre un cajón en el que recopilaba todas las recetas que llegaban hasta sus manos y se percata que tenía para la publicación de más de un libro de cocina. Entonces es cuando convierte lo que era una afición, que le venía de familia, en dos obras culinarias que han servido de referencia con el paso de los años.

“Afición, sí he tenido siempre en la cocina; y no me cabe duda de que era algo atávico. Mi tía abuela doña Carmen Mosquera, señora de la Misericordia, fue la que formó, en la Coruña, una escuela de cocineras “a la antigua”.

“Cartas de la Condesa”, de Juliana Sinovas Maté.